FE Y POLÍTICA

Se me ocurre esta reflexión porque veo por doquier mucho escrito, y oigo por doquier mucho ruido, acerca de las próximas elecciones municipales chilenas. Por otro lado, como me he puesto a escribir justo el día siguiente al Domingo del Buen Pastor, se me ocurre que algunas de las características de este pastor le vienen bien al buen político y al buen alcalde. El año 1927 el Papa Pío XI salió en defensa de los jóvenes de la Federación de Universitarios Católicos Italianos -la equivalente a la Asociación de Universitarios Católicos (A.U.C.) de Chile- porque los acusaban, en tiempos de Musolini, de que se metían en política. Entonces el Papa, con toda su autoridad, dijo que la política es la máxima expresión de la caridad. Es decir, el buen político es el buen hombre o la buena mujer que se propone como meta de su vida el servir incondicionalmente a la comunidad, a los ciudadanos. No sólo a quienes le han elegido, sino a todos a quienes corresponde su distrito o jurisdicción. Por eso no cabe sino felicitar a las personas que se sienten movidas por este noble interés político.

Todo hombre o mujer que se siente atraído por este afán de servicio –sea o no sea creyente- merece todo nuestro apoyo y elogio. Desde mi fe creyente aplaudiré siempre a estas personas que han hecho de la política un verdadero interés, sincero y auténtico, por servir al prójimo, especialmente a los más necesitados, marginados y abandonados.

Desde esta perspectiva, el buen político sabe que está al servicio del bien público y que ese bien, bien común, hay que gestionarlo con toda honestidad y seriedad. Los creyentes podemos afirmar desde las exigencias de nuestra fe que todo poder –político, social, y también religioso- que no esté al servicio del pueblo y de los más necesitados, es contrario a la voluntad de Dios. El político honesto y decente, al igual que el buen pastor, está dispuesto a dar la vida por su gente. Es alguien que entrega su vida en actitud de servicio porque se “des-vive” por los demás.

El hombre político y la mujer política, se presenta a sus posibles electores, ofreciéndoles algo muy importante: estoy con Uds., y si me eligen seguiré siempre con Uds. Es una persona convencida de que eso lo dice en serio, y por su misma seriedad, se hará creíble ante los demás. Si se trata de una persona política de verdad, se tiene que traslucir que actúa por amor y no por intereses personales o por dinero. Es alguien de convicciones firmes, claras, que las sabe exponer a los demás, y que es capaz incluso de arriesgar su vida por fidelidad a las mismas.

Esta es la diferencia entre el buen político y el mal político; como la diferencia entre el buen pastor y el mercenario. El primero es capaz de dar la vida por sus ovejas, este último, como es mercenario, no le interesa la vida ni salud de los demás, sino su propia conveniencia; actúa por dinero, y las personas le tienen sin cuidado.

La proximidad de las elecciones municipales en Chile, puede ser la ocasión ideal para que mucha gente de buena voluntad, desencantada del mundo de los políticos, recupere la confianza en ellos. Como en todas partes, también en la política hay de todo, pero creo que son mayoría las personas honestas, serviciales, entregadas, generosas, rectas, que hacen de la política la forma eximia de amor al prójimo.

Para Tejemedios
José Luis Ysern de Arce
Sacerdote, Doctor en Psicología
Chillán, Mayo 2012.