LECCIONES DE UNA CRISIS

Al momento de escribir estas líneas me encuentro en mi tierra natal de España, donde la prensa, los medios de comunicación social de todo tipo, especialmente los noticieros de televisión, parecieran ser monotemáticos: la crisis económica. Es el mismo tema que se advierte en las reuniones informales y conversaciones coloquiales. Se palpan las protestas y molestias por la realidad que el ciudadano común y corriente percibe todos los días, y que se traduce sobre todo en el alto nivel de  cesantía. Algunos opinan que los españoles en general siempre han sido protestones, pero ahora las encuestas y estadísticas, están ahí para justificar las razones objetivas de su indignación. Sin embargo, las distintas reacciones que se observan en la gente pueden llevarnos a ver cómo de estas crisis –como pasa con todas las crisis- se pueden extraer algunas provechosas lecciones.

Primera reacción: “nos habíamos acostumbrado a vivir por encima de nuestras posibilidades y nadie se apretaba el cinturón”. Es una frase que se escucha aquí con frecuencia. La crisis sirve, por lo tanto, para reconocer una verdad y sacar conclusiones de la misma. Reconocer la verdad es empezar a caminar hacia la buena solución. En este caso una de las vías de solución está en vivir con más austeridad y sobriedad, más de acuerdo a las posibilidades reales de cada uno. Pienso en algunas familias chilenas que, víctimas del consumismo, viven también por encima de sus posibilidades. ¿Por qué? Porque la publicidad, el afán de aparentar, los modelos que presenta la TV, a la que tan apegadas están muchas personas en nuestro Chile, les ofrece un mundo de fantasía que fascina y atonta: algunas personas quieren vivir como esos ejemplos que ven en la pantalla. Seguir modelos así, supone carencia de sentido crítico, y también un cierto bajo nivel de autoestima.

Segunda reacción: “esta crisis nos va a hacer más humildes y solidarios”. Y de hecho veo cuántas personas colaboran con otras que lo pasan mal, cuántos jóvenes se inscriben en voluntariados para ayudar en países subdesarrollados, cómo crecen las listas de donantes de órganos, cómo me preguntan a mí mismo en qué me pueden ayudar para algún proyecto de colaboración en Chile. De verdad encuentro mucha gente muy solidaria. Y es que las crisis nos ayudan a despojarnos de todo sentido de prepotencia y orgullo. Nos ayudan a pensar que somos frágiles, vulnerables, que nadie es perfecto, que todos somos personas endebles y desvalidas. ¿No le pasa algo parecido a una pareja amorosa cuando entra en crisis dolorosa y dura, crisis a la que no encuentran salida? Sin embargo, una vez superada dicha situación, dicen algo así como “bendita crisis que nos hizo aterrizar a la realidad. Hoy nos amamos más y mejor”.

Toda crisis, tanto personal como social, nos ayuda a crecer si las sabemos asumir con humildad y buen criterio.

Para Tejemedios
Padre José Luis Ysern de Arce
Doctor en Psicología