LA GRAN FUERZA DE LOS BUENOS

Todos hemos oído hablar de un tema muy de moda que se refiere a la salud de los trabajadores, especialmente a la salud de personas que trabajan en funciones de servicio directo a los demás, profesionales que por exigencias de su trabajo han de sobrepasar muchas veces los horarios laborales oficialmente designados, y se exceden trabajando en tiempo y entrega que parece más allá de sus límites. 

Esta gente sufre muchas veces el síndrome del burn-out (quemarse); se gastan y desgastan en el ejercicio de su profesión. En ese exceso de trabajo queman energías físicas y mentales, pero aparentemente no reciben la recompensa que podría animarlos, que podría proporcionarles adecuada satisfacción en una feliz dinámica retroalimentadora. En ese trabajo se esfuerzan y desgastan, se agotan y extenúan pero les parece que no se alimentan. Así es el caso, por ejemplo, de algunos profesores, médicos, policías, chóferes de la locomoción colectiva, camioneros, trabajadores sociales, sacerdotes, auxiliares de la educación, funcionarios municipales etc. -Son personas que con gran entusiasmo se dedican a ayudar y servir a otros, pero que no reciben lo adecuado económicamente, ni por parte de los usuarios a quienes sirven, la gratificación necesaria a la altura de la propia entrega y muchas veces el trato de sus jefes es indigno, pues los ignoran.

No es raro que estas personas sean víctimas del desánimo, cansancio, desgaste y “desaliento profesional”, como también se llama en nuestra lengua al síndrome “burn-out”. Han empezado su trabajo con gran idealismo y entusiasmo, pero luego ante las adversidades que provienen de los ambientes difíciles en que trabajan, de jefes sin preparación, y con sueldos no a la altura de esa misma dedicación, ante la complejidad, variedad y problemas de las personas a las que atienden, se agotan, se cansan, se quiebran, se desaniman y pierden la motivación inicial. De pronto esta persona tan buena, entregada y trabajadora, siente que ya no alcanza su realización personal, y que no sabe qué hacer con su vida. Está viviendo una vida carente de significado, lo que en psicología se conoce como una especie de “despersonalización”.

¿Nos podemos defender de este desaliento profesional? 
Por supuesto que sí. Mis amables lectores y yo conocemos personas que lo han logrado y que viven su entrega diaria felices de la vida; ahí vemos a estos hombres y mujeres trabajando fieles a su vocación de servicio y con un entusiasmo imperturbable a lo largo de los años. Siempre con el mismo o mejor entusiasmo que el primer día. ¿Cómo lo han logrado? Pues porque ante todo reconocen que las necesidades de la gente a la que sirven son innumerables, que son imposibles de satisfacer en toda su medida, reconocen que con las propias fuerzas es imposible dar respuesta acabada a todo ese ingente número de personas que requieren atención. -Se dan cuenta de que las personas necesitadas de atención son muchas, y que cada persona necesita mucho; pero también se dan cuenta de que lo que ellos no hagan se quedará sin hacer. 

Todo ello conduce a que este hombre, esta mujer profesional que atiende bien a las personas, sea a su vez persona humilde, que acepta su verdad, sus limitaciones; acepta además que, aunque sería lógico un sueldo más justo y más de acuerdo con el trabajo que realiza, su motivación principal es la felicidad de las personas a las que sirve, hacer feliz al otro.

Esto se llama andar en verdad y humildad, y esto es lo que libera a las personas de cualquier carga y opresión. Andar en verdad y humildad es lo mismo que andar en amor, vivir por amor, hacer las cosas con amor y por amor. Ahí está el secreto de estas personas, ahí está el nutriente de estas personas felices, hombres y mujeres profesionales que siguen imperturbables, entusiasmados en su trabajo, sin sucumbir al desgaste de jefes que podría amargarles la vida. En el fondo de estas personas existe una gran espiritualidad, la espiritualidad del amor. En ella reside su fuerza y fortaleza, la inagotable energía de sus vidas que contagia la vida de los demás. Felicidades a estas personas tan buenas.

Para TEJEMEDIOS de BULNES
José Luis Ysern de Arce
Sacerdote, Académico, Doctor en Psicología